Friday, March 11, 2005

Muchachito en la calle solitaria

Muchachito en la calle solitaria
cambiaste mi rumbo para darme el tuyo
iniciando el diálogo sin palabras,
diálogo de miradas y gestos sabidos.

Tu destino que también era el mío
tenía color de olvido y rincón oscuro,
negras malezas y telarañas de ruinas,
bajo los infinitos ojos de la noche curiosa.

Allí palpamos nuestro mortal desasosiego.
Las manos: heladas e inseguras las tuyas,
las mías ardiendo con avidez aprendida.

Temblabas como hoja última de otoño
al feroz latigazo de instintos y miedos,
demasiado pronto para ser arrancada
por tu otredad latente llena de preguntas
que no se atrevieron a hacer tus labios fríos,
fríos como una lápida, como una lápida duros,
tan duros como tu miembro apretado contra el mío.

Tu febril ansiedad no brincó el muro
formando un caudaloso río de reflejos nocturnos
con remolinos quebrados de yerba pisoteada
y rebeldes olas de pasión retenidas
deseosas de explotar en la próxima crecida
con la luna, único testigo.

Tornándote vacío de calle desierta
te fuiste corriendo de mi lado
con una lágrima de confusión en el bolsillo:
fantasma macilento, gota de sombra,
que empañó los nuevos deseos de tu cuerpo cautivo.

Halle, 21 de mayo 1995
Bonn, Julio 1997
(c) Julian de Colonia

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