Friday, March 11, 2005

El jinetero (prostituto)

Su imagen es un caleidoscopio:
hatillo de luz a cada mirada diferente.
A veces brillante y coherente,
a veces como reflejo de espejo roto.

La eventual tristeza de su sombra
ni es nueva ni condicionada por el uso
sino es la de todos, la de a toda hora
sin más cara que la que siempre puso.

Porque no es otro: es el mismo,
el de hace tantos años, un poco menos
tímido, un poco más sin tantos frenos.
En lo absoluto cambió su trino.

¿Se vende? No: se alquila.
Disfrazado con su piel dura y tranquila,
una hora, dos, tres, te secuestra
a su isla que se llama Olvido.

Su servicio es un viaje en el tiempo.
Te da placer de su propio seno
que multiplica para dejarte lleno
de nueva fe por tu cuerpo aún vivo.

Amigo es sólo a veces, mas siempre dispuesto
a recibir una cascada de pesadumbre
del extraño que en su lecho se abre
para no resaltar en la muchedumbre.

Le perturban la cruz ni la luna nueva,
se guía sólo por la inmensa estrella
que en su frente brilla desde el primer día
y que lo acompañará hasta que se muera.

Lo demás: es un buen chico
como tú, como yo, como el más malo.
Le gusta cantar en la bañera
y disfruta el arcoiris de la vida.

Bonn
25 de junio de 1997
(c) Julian de Colonia

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